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sábado, 5 de abril de 2014

El derecho a ser una zorra

Te invito a que leas el artículo escrito por María Jesús Méndez, el título fue para mi muy atractivo e incitante. Sus palabras radicales y certeras.
Léela en http://www.huffingtonpost.es/maria-jesus-mendez/el-derecho-a-ser-una-zorr_b_2827164.html


Ilustración Sol Díaz
http://www.comoserunamujerelegante.blogspot.com/

lunes, 10 de febrero de 2014

Cómo transmitir el odio al cuerpo por Kasey Edwards

Querida Mamá,
 
Tenía siete años cuando descubrí que eras gorda, fea y horrible. Hasta ese momento había pensado que eras preciosa -en todos los sentidos-. Recuerdo ojear viejos álbumes de fotos y ver imágenes tuyas en la cubierta de un barco. Tu bañador blanco y sin tirantas parecía tan glamouroso como el de una estrella de cine. Cada vez que tenía la oportunidad sacaba ese bañador oculto en tu cajón de abajo e imaginaba un tiempo en el que yo sería lo suficientemente mayor para llevarlo; en el que sería como tú.
Pero todo eso cambió cuando, una noche, estábamos arregladas para ir a una fiesta y me dijiste: “Mírate, tan delgada, guapa y encantadora. Y mírame a mí, vieja, gorda y horrible.“
 
Al principio no entendí lo que querías decir.
“No estás gorda”, dije seria e inocentemente, y tú contestaste: “Sí lo estoy, cariño. Siempre he estado gorda; incluso cuando era una niña.”
 
En los días que siguieron, tuve unas cuantas revelaciones dolorosas que han determinado mi vida.
 
Aprendí que:
1. Debes estar gorda, porque las madres no mienten.
2. Ser gorda es ser fea y horrible.
3. Cuando crezca seré como tú, así que seré gorda, fea y horrible también.
 
 
 
Años más tarde recordé esta conversación y las centenares que la siguieron, y te maldije por sentirte tan poco atractiva, insegura e infravalorada. Porque, como mi primer y más importante modelo de conducta, me enseñaste a pensar lo mismo sobre mí misma.
 
Con cada mirada a tu reflejo en el espejo, cada nueva dieta milagrosa que iba a cambiar tu vida y cada culpable cucharada de “Oh, en realidad no debería, pero…”, aprendí que las mujeres deben estar delgadas para ser válidas y valoradas. Las chicas deben prescindir de ciertos placeres porque su mayor contribución al mundo es su belleza física.
Como tú, he pasado toda mi vida sintiéndome gorda. ¿Cuándo se convirtió “gorda” en un sentimiento, de todos modos? Y porque creía que estaba gorda, sabía que yo no estaba bien.
 
Pero ahora que soy mayor y madre, sé que culparte a ti por el odio a mi cuerpo es inútil e injusto. Ahora entiendo que tú también eres producto de un largo y rico linaje de mujeres que fueron educadas para odiarse a sí mismas.
 
Mira el ejemplo que la abuela fue para ti. A pesar de ser lo que podrías describir como una mujer chic víctima del hambre, hizo dieta cada día de su vida hasta que murió a los 79 años. Solía ponerse maquillaje para salir al buzón, por miedo de que alguien pudiese ver su cara desnuda.
 
Recuerdo su “compasiva” respuesta cuando anunciaste que Papá te había dejado por otra mujer. Su primer comentario fue: “No entiendo por qué habría de dejarte. Te cuidas, llevas pintalabios. Tienes sobrepeso, pero no mucho.”
 
Antes de que Papá se fuera, él tampoco te alivió por el tormento de la apariencia de tu cuerpo.
 
“Dios, Jan”, escuché por casualidad que te decía. “No es tan difícil. La energía que entra frente a la energía que sale. Si quieres perder peso, simplemente tienes que comer menos”.
 
Esa noche en la cena observé cómo ponías en práctica el remedio para adelgazar “Energía dentro, Energía fuera: Dios, Jan, Simplemente Come Menos” de Papá. Serviste tallarines chinos para cenar (¿recuerdas cómo en los suburbios australianos de los años ochenta una mezcla de carne picada, repollo y salsa de soja se consideraba la cumbre de la alta cocina?). La comida de todo el mundo estaba en un plato grande excepto la tuya. Tú te serviste tus tallarines chinos en un diminuto plato de postre.
 
Cuando te sentaste delante de esa patética cucharada de carne picada, unas lágrimas silenciosas resbalaron por tu cara. No dije nada. Ni siquiera cuando tus hombros comenzaron a agitarse de angustia. Todos nos comimos la cena en silencio. Nadie te reconfortó. Nadie te dijo que te dejaras de ridiculeces y que cogieras un plato en condiciones. Nadie te dijo que ya eras querida y lo suficientemente buena. Tus logros y tu valía -como profesora de niños con necesidades especiales y como dedicada madre de tres hijos- palidecieron insignificantes comparados con los centímetros que no podías perder de la cintura.
 
Me rompió el corazón presenciar tu desesperación y siento no haber salido en tu defensa. Ya había aprendido que era tu culpa que fueras gorda. Incluso había oído a Papá describir el perder peso como un proceso “simple” – pero al que tú no te podías enfrentar.  La lección: no te merecías la comida y ciertamente no te merecías ninguna compasión.
 
Pero estaba equivocada, Mamá. Ahora entiendo lo que es crecer en una sociedad que le dice a las mujeres que su belleza es lo más importante y que al mismo tiempo define un estándar de belleza que  está completamente fuera de nuestro alcance. También conozco el dolor de interiorizar estos mensajes. Nos hemos convertido en nuestras propias carceleras y nos infligimos nuestros propios castigos por fracasar dando la talla. Nadie es tan cruel con nosotras como nosotras mismas.
 
Pero esta locura tiene que terminar, Mamá. Termina para ti, termina para mí y termina ahora. Nos merecemos algo mejor –mejor que arruinar nuestros días con malos pensamientos sobre nuestro cuerpo, deseando ser de otra manera.
 
Y ya no es sólo sobre ti y sobre mí. Es también sobre Violet. Tu nieta sólo tiene tres años y no quiero que el odio hacia su cuerpo eche raíces dentro de ella y estrangule su felicidad, su confianza y su potencial. No quiero que Violet crea que su belleza es su valor más importante; que definirá su mérito en el mundo. Cuando Violet nos mira, aprende cómo ser una mujer y necesitamos ser los mejores modelos que podamos. Necesitamos enseñarle con nuestras palabras y nuestras acciones que las mujeres son lo bastante buenas tal y como son. Y para que nos crea, nos lo tenemos que creer nosotras.
 
Cuanto más mayores nos hacemos, más personas queridas perdemos por accidentes o enfermedades. Su fallecimiento siempre es trágico y demasiado temprano. A veces pienso en lo que esos amigos –y la gente que les quiere- darían por tener más tiempo en un cuerpo sano. Un cuerpo que les permitiera vivir un poco más. El tamaño de los muslos de ese cuerpo o las arrugas en su cara no importarían. Estaría vivo y, por lo tanto, sería perfecto.
 
Tu cuerpo es perfecto también. Te permite desarmar a una habitación entera con tu sonrisa y contagiar a cualquiera con tus carcajadas. Te da brazos para arropar a Violet y estrujarla hasta que se ríe. Cada momento que pasamos preocupándonos por nuestros “defectos” físicos es un momento desperdiciado, un preciado pedazo de vida que nunca volverá.
 
Permitámonos honrar y respetar nuestros cuerpos por lo que hacen en lugar de despreciarlos por su apariencia. Centrémonos en llevar una vida activa y saludable, dejemos a nuestro peso caer hasta donde deba, y enterremos nuestro odio al cuerpo en el pasado, adonde pertenece. Cuando miraba aquella foto tuya con el bañador blanco un montón de años atrás, mis inocentes ojos jóvenes veían la verdad. Veían amor incondicional, belleza y sabiduría. Veía a mi Mamá.

Con amor,
Kasey.

Autora: Kasey Edwards (@KaseyEdwards). Escritora y columnista.
Traducción: Mines y Eloísa.
Artículo originalmente publicado en: Essential mums

domingo, 9 de febrero de 2014

EXTRA - EXTRA - EXTRA: NOTICIA DEL TERRITORIO FEMENINO!!!!


 Es de suma urgencia, compartir este mensaje que derriba dogmas, mitos y creencias que nos cristalizan en estereotipos y roles sexuales.

Desde la Tierra de las Mujeres,

Se despide "Soyla Vulva" (corresponsal de Prensa)


jueves, 26 de julio de 2012

Prisioneras de la Belleza


Es muy poderosa la influencia que social que tiene sobre cada persona la concepción actual de lo que es "ser bella".

¿eres prisionera de este modelo?
¿qué le estás enseñando a tus hijas e hijos?
¿cómo podemos cambiar este panorama?
¿qué responsabilidad tenemos cada uno en esta situación?

sábado, 9 de junio de 2012

Mujeres: ¿vientres relajados o vientres planos?


Hoy comparto con ustedes el trabajo de Mónica de Felipe-Larralde, una mujer-madre, terapeuta transpersonal, licenciada de derecho, experta en comunicación y creadora desde enero del 2001 del blog  http://estudiosobreelutero.blogspot.com

Soy seguidora de este espacio desde esa fecha y fui parte de la investigación que realizó, en dónde ha logrado abordar analíticamente las repercusiones que para la vida sexual de una mujer, supone tener un "útero relajado".

En este video, mónica nos invita a reflexionar sobre las implicancias del patriarcado y el modelo que impone a la mujer.

A través del trabajo que realiza Mónica nos muestra a las mujeres, que la relajación de nuestro útero es relativamente difícil de llevar a cabo, ya que nos hemos desvinculado de este órgano o de esta zona de forma muy evidente y radical. Lo que trae como consecuencias el dolor más o menos intenso durante las menstruaciones, parto y reduce nuestras posibilidades de placer sexual.

¿qué opinas tú, sobre el tema?
¿logras percibir tu útero?
¿cómo es tu vientre?
¿qué le enseñas a tu hijas?

Mujer en Curso

lunes, 13 de febrero de 2012

Oda a la Mujer



Imagina a una mujer
Cassandra Barney

Imagina a una mujer que se cree que está bien y que es bueno ser mujer,


una mujer que se honra por su propia experiencia y que cuenta sus historias,
una mujer que rechaza cargar con los pecados de otros dentro de su cuerpo y de su vida.

Imagina a una mujer que piensa que es buena en sí misma,
una mujer que confía en sí misma y que se tiene respeto,
que escucha sus necesidades y sus deseos y sale a su encuentro con ternura y con gracia.

Imagina a una mujer que ha aprovechado la influencia del pasado para la vida presente,
una mujer que ha caminado por su pasado y ha sabido curar en el presente.

Imagina a una mujer que actúa, que se esfuerza y que se mueve en dirección a sí misma,
que rechaza la rendición excepto para cambiar hacia su ser más verdadero

y la voz de su sabiduría.

Imagina a una mujer que nomina a sus propios dioses,
una mujer que se imagina a sí misma como un ser divino a su propia imagen y semejanza,
que proyecta su propia espiritualidad y se permite que ésta le informe cada día acerca de

lo que va sucediendo en su vida.

Imagina a una mujer enamorada de su propio cuerpo,
una mujer que cree que su cuerpo es el que es y con ello le es suficiente,
que celebra su cuerpo y sus ritmos y ciclos

como prueba de ese recurso natural exquisito que en sí constituye su cuerpo.

Imagina a una mujer que celebra el rostro del Dios, de la Diosa inspirada en su propio

rostro en continuo proceso de cambio,
una mujer que celebra los años que se van acumulando en su sabiduría de mujer,
que rechaza utilizar su valiosa energía para disfrazar los cambios que se van produciendo

en su cuerpo y en su vida.

Imagina a una mujer que valora a las mujeres de su vida,
una mujer que se sienta en un círculo de mujeres,
a quien se le recuerda la verdad de sí cuando se le olvida.

Cassandra Barney

Imagínate a ti misma como a esta mujer.




Anónimo

viernes, 3 de febrero de 2012

Un Mito Iluminador del Rol Femenino en el Universo

Hoy quiero compartir con ustedes una historia que me contó una mujer que participó en una de las entrevistas que realicé para mi proyecto audiovisual sobre Conciencia Menstrual y Métodos de Recolección del Sangrado.

Canela (Patricia Hernández) creadora del blog http://www.eldespertardetuluna.blogspot.com/ me relató este cuento que luego encuentro en un libro de Ziley Mora, llamado "Magia y Secretos de la Mujer Mapuche".

Te invito a que lo leas y me cuentes que es lo que recibes:

Extracto del Epílogo

"Según un antiguo mito cosmogónico mapuche, El Gran Poder o Futa Chaw envió una estrella -hija suya- con figura de varón para poblar el desierto de la tierra, luego de haberlo enfriado con su saliva. El hombre cae de cabeza al árido suelo volcánico y queda inconsciente. Ante esta contingencia que le impedía cumplir su misión, El Gran Poder, decide enviar a otra estrella -ahora con forma de mujer- para que lo despierte.

Pero este ser estelar viene mejor dotado que el anterior. Cae de pie, muy bien asentada en lo concreto y lo real, pero lejos de su compañero celeste y ahora terrestre. Las plantas de sus pies, disponen de una particularidad: tienen el poder de hacer brotar una millida alfombra vegetal, y de hacer nacer de ella diversas plantas, flores y árboles de variadas especies. Y de las palmasde sus manos se desprendía el poder de dar vida a los animales de la tierra.


En su camino hacia el varón para sacarlo de su sueño o embotamiento, podía recoger las mismas flores nacidas de sus pies y deshojar sus pétalos que, lanzados al aire, se convertían en distintas variedades de aves.

Una vez al lado del varón, va despertándo cada uno de sus miembros. Entonces, de ellos, de los brazos, del tórax, de las piernas del primer hombre que son despertadas por la mujer, surgen las montañas, abismos y ríos de la tierra.

Sin embargo, la mujer se ve impotente sola frente a uno de los órganos del varón: puede despertar todo el cuerpo, la mente y los afectos del hombre. Pero no puede hacer despertar su espíritu (pellu), que está profundamente arraigado en el órgano del corazón, el piwke.

La voluntad del Gran Espíritu había querido que el despertar el espíritu fuera tarea del  hombre solo: en el deber de recuperar el ser de conciencia, la ayuda femenina no bastaba. Pero sin ella, tampoco el hombre llegaría nunca a esa decisión crucial: autodespertar la chispa divina del espíritu".

miércoles, 6 de julio de 2011

Cuando nos damos cuenta que los cuentos son sólo "cuentos"

la cenicienta

Hay un simpático cuento que hoy quiero compartir con ustedes, se llama "La Cenicienta que no quería comer perdices", la verdad es que es un anti-cuento que tiene a una mujer como personaje principal, a una mujer como la mayoría de nosotras...

Esta historia esta escrita por Nunila Lopez y sus ilustraciones son de Myriam Cameros, me gustó muchisimo, me hizo reír y quiero compartirla porque considero que nos muestra la poderosa influencia de los roles de género, además nos hace reflexionar sobre cómo estamos educando a nuestras hijas e hijos y de paso nos puede ayudar a evaluar que cuentos les estamos enseñando.

Mujeres y hombres somos de una "cierta manera" -por el sólo echo de ser mujer u hombre- que socialmente es aceptada; y no somos de otra porque es rechazada para el sexo que nos corresponde -estos son los roles sociales.
Muchas veces incorporamos actitudes y pensamientos en nuestras vidas sólo porque aprendimos que era lo que "debíamos hacer, pensar, decir o sentir". Así replicamos estas crencias que se manifiestan en nuestra vida cotidiana a través de nuestas conductas, pensamientos, emociones y modos de relacionarnos, sin ser conscientes de cómo pueden afectar nuestra propia libertad.

Te invito a que entres en este link y leas el cuento en formato PDF http://www.mujeresenred.net/IMG/pdf/lacenicientaquenoqueriacomerperdices.pdf

De paso te invito a que reflexiones y evalúes qué cuentos e historias estás CONTÁNDO-TE...

Claudia Ferrer, creadora de Mujer en Curso